Acerca de Miguel Ángel Otero Soliño

Apasionado por la historia, la naturaleza y sobre todo del placer de descubrir la diversidad de nuestro planeta a través de los viajes. Responsable de los blogs Planeta Tour y Planeta Estambul.

El pez inmortal de Estambul

Hace un sol de justicia y mi frente suda sin control mientras camino entre cipreses y tumbas cruzando un inmenso cementerio ubicado el distrito de Zeytinburnu en Estambul; el camposanto en sí no es el objeto de mi visita, pero en su interior se halla un monasterio donde dicen que reside un pez legendario e inmortal, estoy a punto rendir visita al ser más mágico de Estambul.

Alcanzo ya mi destino que no es otro que el Monasterio ortodoxo de Balıklı, un singular centro espiritual cuyo nombre homenajea al famoso pez, ya que la palabra Balık turco significa eso pez o pescado.

ayazma istanbul
Manantial donde vive el famoso e inmortal pez Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Este singular monasterio bizantino fue construido sobre uno de los múltiples manantiales naturales que surgen de las entrañas de la ciudad, muchos de los cuales tienen sacra consideración por parte de la iglesia Ortodoxa quienes bautizaron a los mismos con el nombre de ayazma o agiasma. Aprovechando la ayazma los monjes del monasterio construyeron una fuente en homenaje a la virgen y que era conocida por las propiedades curativas de sus aguas.

iglesia de Balikli
Monasterio ortodoxo de Balıklı Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

En el año 1453 los continuos ataques de las tropas del Sultán Mehmet II puso en vilo a la cristiandad que residía en Constantinopla, con todo habían sido muchos los asedios anteriores así que muchos aún confiaban ciegamente en la histórica resistencia de sus murallas.

Cuenta la leyenda que un monje estaba cocinando pescado cuando recibió las noticias de un compañero de la caída de la ciudad a manos de los turcos, incrédulo el monje replicó que si eso era cierto el pez que estaba cocinando volvería a la vida; tras decir esto el pez saltó de la sartén a las aguas del manantial y comenzó a nadar reafirmando la desgraciada noticia; con este milagro se dice que el pez ganó la vida eterna y desde aquella reside en las aguas del manantial.

imperio bizantino
Símbolo de la iglesia ortodoxa en la puerta de la iglesia Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Ahora dependo de otro tipo de milagro, que es que el monasterio este abierto y que me dejen visitarlo. La comunidad ortodoxa turca, otrora dominante en la ciudad, tiene una presencia demográfica intrascendente en la Estambul del siglo XXI y muchos de sus templos permanecen cerrados por falta de personas que los atiendan; además muchas veces los propios guardianes se muestran un poco recelosos de los visitantes y solo abren la puerta a sus conocidos y no es la primera vez que intento visitar una iglesia en Estambul y me deniegan la entrada.

Los milagros existen y al descubrir que era español (pequeñas ventajas de ser de un país de tradición cristiana), el vigilante accede a abrirme la puerta y me acompaña en mi recorrido.

En primer lugar me enseña la iglesia, la cual se no dista mucha en su estilo y arquitectura a lo mostrado en otros templos ortodoxos de Estambul; resulta evidente que del monasterio original del siglo VI poco queda ya y lo que podemos admirar es fruto de una reforma realizada en el siglo XIX.

Balıklı
Altar principal del monasterio Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

El templo y sus retablos esta vez poco me interesan y le pregunto por el “famoso pez”, y tras sonreírme me muestra el camino hacía lo que parece ser una estancia subterránea.

¡Esto si parece un lugar merecedor de guardar un secreto!, pienso para mis adentros cuando accedemos a un espacio húmedo y algo lóbrego, donde, aprovechando el manantial, los monjes construyeron una hermosa fuente donde supuestamente reside nuestro amigo.

De pronto miro hacia al interior de la fuente y veo que un ser acuático de color naranja nada en solitario en sus cristalinas aguas.¡ahí lo esta!, tengo ante mis ojos el ser vivo más antiguo de Estambul.

Saco mi querida cámara de fotos y le pido que no me falle, hay poca luz y la que hay es de las que distorsionan las instantáneas. Tiro decenas de fotografías, pero en la vista previa me doy cuenta de que son horribles, además el dichoso pez no se queda quieto y es imposible que aparezca en pantalla.

tumbas bizantinas
Tumbas en el patio del monasterio Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

La humedad y la mirada del vigilante hacen que vuelva a sudar, miro a mi alrededor y veo que tienen a la venta botellas con agua del manantial y decido hacer una rápida donación que relaja a mi acompañante y que me permite una nueva ronda de fotos.

Consigo al fin alguna foto decente, pero el pez parece querer mantener el secreto de su eterna juventud y se niega a aparece en mis fotos. El guardián pierde su paciencia y me fuerza a que continuemos con la ruta; no me queda otra que aceptar de mala gana y nos desplazamos al jardín que se encuentra lleno de curiosas tumbas de importantes figuras del mundo ortodoxo estambulí.

Me marcho de vuelta al centro histórico con la sensación de fracaso, me siento como si fuera uno de esos buscadores clásicos de seres mitológicos que nunca pueden obtener pruebas de su existencia porque siempre se quedaban se quedaban sin carrete o pilas en el momento más inoportuno.

Un pez inmortal tiene que tener sus propios poderes para evitar que su secreto sea descubierto y quizás no fuese realmente mala suerte, sino que es como tienen que ser las cosas, porque las leyendas existen cuando nos las creemos sin pruebas; esa fe única es la que ha hecho que un pez resucitase de entre los muertos y lleve ya casi 600 años siendo parte de la magia de Estambul y así que el que quiera conocer a nuestra protagonista, solo tiene que rendirle pleitesía en persona.


Actualizado el 18 julio,2019.
Publicado por Miguel Ángel Otero Soliño